lunes, 8 de junio de 2020

La diosa del abismo.

Los autos hacen suspirar el asfalto en la mitad de la desolada noche. Lo que hubiese parecido una voz cariñosa, intentado atajarte, se confunde fácilmente con la respiración de la urbe, sumergida en las aguas del mismo manantial que inunda tu habitación. El volar de los pájaros en la oscuridad, ocurre inadvertido, al igual que esas pequeñas ocurrencias que postergan este día.
Apagás los aparatos, con la ilusión de que el cansancio cumpla con su cuota pautada. Pero no ocurre. Las aguas, de apariencia tranquila, exhiben su tortuosa oscilación; una superficie ondulada, irregular, llena de formas sugestivas lo suficientemente imperfectas para recordarte aquello que ignorás en la vigilia, pero con la clarividencia irreproducible de un sueño.
La desesperación es una sensación distinta a lo que te ocurre, porque convoca a todo tu cuerpo tácito. Aquellas deformaciones de la superficie prescinden de un medio material.
Lo mas tangible que sentís es tu respiración, como un faro en la lejanía, vos estando todavía mar adentro.
El oleaje insiste en la polisemia de los errores. La incomodidad te atrapa, la frustración te contiene del llanto. La ciudad te observa con sus sonidos de indiferencia y de implacable magnitud.

Cuando pensaste que ya era suficiente, descansando boca abajo, intentando dormir, el cenit helado de sus yemas te acaricia la espalda. Una lágrima quiere brotar, pero sabés bien que sería muy apresurado.
Su cabellera blanca se difumina en el aire como el humo de un cigarrillo, su ubicuidad te recuerda el frío del manantial.
-"Los árboles les recuerdan mi nombre impronunciable a los pordioseros. La violencia y el ultraje devoran las sobras de andrajosos pasionarios que mis elogios terminan socavando, como la gota disuelve a la piedra.
Has de beber asiduamente el agua de las memorias, suplicándome, cual infante caprichoso, que venga. Acá estoy. Tan entregada como la sombra y tan transparente como tus ojos."-
Una congoja en el pecho y un dolor nasal, presagiando el llanto, se reprodujeron en tu ser con la simetría del impacto de una gota oscura, densa, que cae en un estanque virgen.
"-Tu cuerpo es mi cuerpo, pero el mío no es tuyo, sino de todos. Soy la hostia del desamparado. Soy el laberinto donde te querés perder. Agazapada a mis paredes está la sombra, desde donde resurgirás, como un vestigio sediento de excesos. Soy el éxtasis de la laceración. Sólo mi mano te salva de la locura atenuante.-"
Escuchás el ruido intenso que provocás al deglutir saliva.
Y te entregás, confiando de tu inmensa profundidad, especulando sobre tus facetas aún insondeadas.


domingo, 7 de junio de 2020

Observar

Existe una trama divergente
esquema de los patrones
donde el sol alcanza para iluminar
todas las facetas de un mismo objeto
Ésta, embiste la poesía del devenir
mostrándose políglota y sistemática
siendo Babel uno de sus sueños.

Es el detalle de una virtualidad
Es la locura de lo intrínseco
Es la respuesta a la pregunta
que la noche hace a los ciegos

En esta trama
el hombre no es hombre
y al no ser hombre
no la conforma
sino que la observa
desde donde el primer rayo de luz fue emanado
desde donde nace la lluvia
y los círculos

La trama no se exhibe
permanece amorfa e invisible
de forma inevitable,
su emulación 
es la verdadera imagen
y nuestro homenaje
son los símbolos.


En la mitología maya, Xibalbá o Xib'alb'a (en quiché: Xibalbá, ‘Lugar oculto’‘xibil, ocultar’) es el nombre del inframundo.​ Es el mundo subterráneo regido por las divinidades de la enfermedad y de la muerte: Hun-Camé y Vucub-Camé. Forma parte importante dentro del ciclo mítico de los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué, narrado en el Popol Vuh de la cultura maya quiché.

Se ha mencionado un supuesto cuento popular de la cultura maya en que se hablaría sobre una parte del cielo de la constelación de Orión, conocida como Xibalbá.​ En el centro de sus fogones tradicionales quedaba una mancha muy emborronada generada por el fuego, que para ellos representaría la nebulosa de Orión. De ser cierto podría ser una evidencia de que, antes de la invención del telescopio, los mayas ya habrían detectado sobre el cielo una superficie difusa que no consistía simplemente en puntos luminosos como las estrellas.​ 
 
Nebulosa de Orión. Radiación visible e infrarroja cercana.
 

"Este lado del espejo" de Roberto Juarroz, Séptima poesía vertical (1982).

El misterio está de este lado del espejo.
Del otro lado todo existe.
Desde allí, por ejemplo, sale a veces una mano
que trae una lámpara encendida
para alumbrar lo que nosotros creemos que es el día.

El misterio no está ni siquiera en la superficie
que separa ambos lados del espejo,
ya que esa superficie no existe,
como no existe ninguna superficie:
sólo es una ilusión que nosotros inventamos
al mirar al revés.

El misterio está en mirar desde afuera
y no desde adentro del espejo,
desde afuera
y no desde adentro de las cosas.

viernes, 5 de junio de 2020

Me hubiera gustado hablar con Cortázar sobre epistemología. Fragmento de "Prosa de observatorio"




"[..] El profesor Maurice Fontaine, de la Academia de Ciencias de Francia, piensa que el imán del agua dulce que desesperadamente atrae a las angulas obligándolas a suicidarse por millones en las esclusas y las redes para que el resto pase y llegue, nace de una reacción de su sistema neurendocrino frente al adelgazamiento y a la deshidratación que acompaña la metamorfosis de los leptocéfalos en angulas. Bella es la ciencia, dulces las palabras que siguen el decurso de las angulas y nos explican su saga, bellas y dulces e hipnóticas como las terrazas plateadas de Jaipur donde un astrónomo manejó en su día un vocabulario igualmente bello y dulce para conjurar lo innominable y verterlo en pergaminos tranquilizadores, herencia para la especie, lección de escuela, barbitúrico de insomnios esenciales, y llega el día en que las angulas se han adentrado en lo más hondo de su cópula hidrográfica, espermatozoides planetarios ya en el huevo de las altas lagunas, de los estanques donde sueñan y se reposan los ríos y los tortuosos falos de la noche vital se acalman, se acaman, las columnas negras pierden su flexible erección de avance y búsqueda, los individuos nacen a sí mismos, se separan de la serpiente común, tantean por su cuenta y riesgo los peligrosos bordes de las pozas, de la vida; empieza, sin que nadie pueda conocer la hora, el tiempo de la anguila amarilla, la juventud de la raza en su territorio conquistado, el agua al fin amiga ciñendo sin combate los cuerpos que reposan. [...]"


"[...]Prosa del Observatorio es un texto de Cortázar acompañado de un ensayo fotográfico de su autoría sobre Jantar Mantar, uno de los observatorios construidos por Jai Singh I en 1728 (quien además de guerrero era conocido por su afición a la astronomía) en la zona que hoy se conoce como Jaipur.[...]"



lunes, 1 de junio de 2020

Secuencia.

Olor a quemado en la vereda; puede que yo sea el portador, depende quién pregunte. Punto visual, difuminado por la distancia, donde los cordones de las calles hechas mierda tienden a cruzarse, pero por cuestiones de infraestructura, termina siendo el nacimiento de una nueva chance. La vivo todos los días, porque esa chance es mía. Si sos de afuera vas a ver gilada, aunque te meen la cara con un cartel en la jeta : "dejame que te explique", no lo vas a entender.
Pienso en explicarle, con bronca igual, pero exigirle que entienda cómo es mi punto de vista, porque...
No sé, tiene que entender. Igual es un hijo de puta.
Recorrelo, te vas a dar cuenta que existe algo que subyace a las particularidades del contorno; las preguntas no inciden por ningún lado, el idioma es claro y te obliga a la pluralidad. Los eventos, las casualidades, las tragedias, todo tiene el mismo contexto sublime, que es acariciado por el sol todos los mediodías mientras las hamacas se mueven y la gente arrastra esa bolsa pesada que levanta el polvo de todos lados, haga frío o calor.

Entonces me lo crucé cerca de acá, y medio arrebatado, después de la sarta de pelotudeces que  chamuya, le dije:
- De donde vos venís, esa palmera que está ahí, la que estás mirando, es otra cosa.-
Intimidado se queda en el molde. Miré sus ojos; se nota que somos diferentes. Entonces sigo:
- Me despierto suspirando y llorando. Bajo un cambio y lo primero que miro es eso. Un alivio a la luz del sol y una canción que me calma cuando el viento mueve sus hojas. Vos que vas a entender, si vivís mirándote el ombligo, gato reventado.-
Me miró muy secuenciado y se fue, caminando rápido.


Gambeta

Gambeta, pantomima del caretaje. Tan solo con observarse el cuerpo basta para convencerse de lo inevitable.
Descaro de la cabriola: poner la estufa, cargar la sube, retirar un cheque, "vino en copa si es posible".
Esfuerzo: en gran medida.
Las relaciones sexuales y mirarse al espejo llorando son los oximoron predilectos; la muerte no tanto, todos están convencidos de que es intangible.
El suelo, vacío opaco; no da vértigo a pesar de que sea el último vestigio de humanidad hasta el centro. Pura ironía.
La gambeta te salva de la calle, o si la evadís, es con el soborno de la provisoriedad. Dormir sobre el límite de dos mundos. La frontera puede ser un colchón, aire y cimientos de concreto. Pueden ser 5 pisos, que probablemente contengan gente y computadoras con internet, ordenados numéricamente. Muchas veces el final linda con fibra virgen de papel, a motivo de aislante. Estando tan cerca de ese límite, quizás usando este aislante, la cabriola se desvanece, el margen es aplacante en toda su plenitud.
Frío, olor a meo, sarna, emancipación. Los vinos giran si uno gira. El cañaberal emerge de los pasillos sombríos hasta sublimarse en las manos: las piedras giran si uno gira. Lo demás es obligado, el margen tiene sus costos seductores.
El único resabio de la rectitud del amague es el deseo material, el canje justo en el marco de la prostitución moral.
Cerca del límite uno se vuelve adecuadamente atravezable, el olvido y la reconstitución premian con destruir la pantomima. Dasein, dasein: cerca del límite no se pierde el tiempo en trivialidades.


"[...]La mar es la inexorable noche social en que la penalidad arroja a sus condenados. La mar es el gran misterio.
El alma, naufragando en este abismo, puede convertirse en un cadáver. ¿Quién le resusitaría?[...]"

Cita de Los Miserables, pequeño fragmento que aparece luego de introducir a Juan Valjean. Víctor Hugo. Traducción de H.G. Simon.

Foto tomada por mí, subida a la autopista en Liniers a la medianoche.

domingo, 31 de mayo de 2020

La gaya ...

Detrás de la flor nos contempla otra realidad, una que nosotros reinterpretamos reconstruyéndola a partir de sus distorsiones. Esas recomposiciones están envestidas de la realidad desde la que observamos la flor, donde todo parece tener sentido, aunque muchas veces lo dudemos.

Nos encanta ver cómo la flor apuñala la delgada interfaz entre las realidades. Es un proceso lento, donde la intensidad del mundo sobre nosotros puede recaer en la presión que hace un solo punto de su cádiz sobre la superficie donde se proyectan las distorciones. Todas las sensaciones de nuestro cuerpo avasalladas por la realidad aparente.

El cuerpo se difunde en la noción que nosotros tenemos de nosotros mismos; la diferencia tergiversada de lo que sentimos y de lo que nos pasa.

No hay forma de transmitir esa totalidad en la que nos convertimos al pensarnos. La solemnidad de la soledad y la irreproducción de lo que percibimos es el primer entusiasmo que tuvimos para cruzar la interfaz. La oscuridad que vivimos, día a dia, no nos cega sino es a través de la interfase, donde la reconstrucción de las distorciones nos figura en un mundo oscuro, donde la prevalencia de lo cognitivo avasalla nuestra instrospección.

La flor que cae en un estanque de agua, las repulsiones intermoleculares del aire, la cera que cubre los pétalos, las moléculas de agua junto con todos los solutos que son emanados de los microorganismos que la habitan, la condición de Gibbs-Duhem sobre el sistema en la interfaz, el aumento de presión periférica a los bordes deformados emanada de muchisimas moléculas golpéandose, esculpiendo la misma distorcion que resulta de la abstracción; el hombre representándose a si mismo como capaz de imaginar lo misterioso que es ese límite, utilizando toda su capacidad para terminar mirando la aterradora belleza de saber que conocemos lo que nos rodea a partir de entelequias, porque siempre miramos el lado irreal de la flor.


Un segundo

Puede ser que hacía mucho calor, pero la oscuridad que dan los árboles al tapar las luces de la calle y el viento, daban una senación fresca...