miércoles, 23 de noviembre de 2022

"Desastres financieros" de Aldo Pellegrini. La valija de fuego (1952).

La mirada centelleante

la boca contraída

ya estamos lejos

            el tiempo nos abandona

la mano nos deja su sombra de humo

brota

            la fuente de las desventuras

un líquido solemne

otros

            aún mas lejos

el hambre que todo lo perdona

y la multitud silenciosa

delante de los comercios en quiebra.

martes, 22 de noviembre de 2022

"Vagar en lo opaco" de Alejandra Pizarnik. La tierra más ajena (1955)

mis pupilas negras sin ineluctables chispitas
mis pupilas grandes polen lleno de abejas
mis pupilas redondas disco rayado
mis pupilas graves sin quiebro absoluto
mis pupilas rectas sin gesto innato
mis pupilas llenas pozo bien oliente
mis pupilas coloreadas agua definida
mis pupilas sensibles rigidez de lo desconocido
mis pupilas salientes callejón preciso
mis pupilas terrestres remedos cielinos
mis pupilas oscuras piedras caídas

martes, 25 de octubre de 2022

"Versos a la tristeza de Buenos Aires" de Alfonsina Storni. Ocre (1925).

Tristes calles derechas, agrisadas e iguales,
por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo,
sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo
me apagaron los tibios sueños primaverales.

Cuánto vagué por ellas, distraída, empapada
en el vaho grisáceo, lento, que las decora.
De su monotonía mi alma padece ahora.
—¡Alfonsina! —No llames. Ya no respondo a nada.

Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero
viendo en días de otoño tu cielo prisionero
no me será sorpresa la lápida pesada.

Que entre tus calles rectas, untadas de su río
apagado, brumoso, desolante y sombrío,
cuando vagué por ellas, ya estaba yo enterrada.

kireji papel kido urbe I


calle colmada
colectivos pasando
caras cansadas

(bingo de ciudadela y liniers a las 6 de la tarde de un viernes nublado y frio de invierno)

asfalto sucio
locales y paradas
gente comprando

(una mañana de domingo invernal en 202 y panamericana, lado sur, en la parada del 203 mano Moreno)

vorágine gris
gritos y semáforos
gente apura

(rivadavia y avenida de mayo ramos mejía a las 6 de la tarde de un miercoles con garúa de invierno)

cabezas giran
piso de cuerpos mueven
la larga fila

(avenida constituyentes y general paz, paradas del 21 y 28 mano puente la noria, 5 de la tarde de un viernes nublado y frio de invierno)

viento desliza
sobre andén oscuro
hojas y caras

(andén de ramos mejía mano a capital a las 10 de la noche, nublado, en invierno)

folletos rotos
tiempo, gente renuncia
lento desguace

(salida del parque tecnológico migueletes INTI, jueves a las 4 de la tarde,  invierno)

techos y tanques
bordes negros y el sol
naranja noche

(liniers, en un colectivo pasando por el distribuidor gral paz en altura, ocaso de un sabado despejado de invierno)

árboles fríos
escaleras y vías
plenitud lejos

(mañana de domingo nublado en la estación de Moreno, en invierno)

pastos y calles
verde cubre el cielo
plazas y faso

(tarde de domingo de invierno, nublado, en la plaza muerta de verdun y maestro herrera villa ariza, Ituzaingó)

lineas claras
autos, bondis, senderos
una pitada

(noche de jueves primaveral, fresca, juan b justo a la altura de emilio lamarca)

muchos carteles
calle llena colores
sombras claras

(Centro de san miguel, sábado de primavera durante la mañana)

gente sonrie
hojas caen lento
calle cubierta

(tarde soleada de fin del invierno, domingo, por Ramos Mejía y moron, cerca de la colectora de acceso oeste que da al Hospital Posadas)


















domingo, 23 de octubre de 2022

Barrileteando

La disposición del cansancio en todas las veredas

es estela de barrilete

a cierta luz, en ciertos días

los frutos de las nubes caen

como cascotes sobre los cuadernos

dándole de comer al espiral

que inerva la briza perdida en las palabras.

Llegan las tres mostrando su ánfora

vientre del viento y de los pétalos,

la efigie del tiempo malgastado.

Turba

Este cansancio es una turba de palabras

que no se muestran.

Tribulaciones de esa nada desfigurada

narran el cuello de la noche erizada

clepsidra de sutiles lágrimas como

vidrios rotos, esparcidos como colectivos,

en las mejillas de un cielo de cemento,

ícono de la erosión.

 

Ensoñaciones, flashes, notas,

una vez mas les pido,

la parsimonia de la mala suerte.

"Estrella" de Pablo Neruda, Tentativa de hombre infinito (1925)

Estrella retardada entre la noche gruesa los días de altas velas

como entre tú y tu sombra se acuestan las vacilaciones

embarcadero de las dudas bailarín en el hilo sujetabas crepúsculos

tenías en secreto un muerto como un camino solitario

divisándote entonces resaltan las audaces te trepas a las luces emigrando

quién recoge el cordel vacíos malecones y la niebla

tu espigón de metales dolientes de bruces al borde de las aguas el tiempo       persiguiéndote

la noche de esmeraldas y molinos se da vueltas la noche de esmeraldas y molinos

qué deseas ahora estás solo centinela

corrías a la orilla del país buscándolo

como el sonámbulo al borde de su sueño.

 

aproxímate cuando las campanas te despierten

ataja las temperaturas con esperanzas y dolores.


martes, 18 de octubre de 2022

domingo, 9 de octubre de 2022

Castigar a la máquina.

Después de que ella golpeara la mano contra la mesa, en ese mismo instante, dijo:

-"Castigar a la máquina", eso me dijeron el otro día. "Tenés que flojar un cacho y dejar de castigar a la máquina". Es una frase que había escuchado muchas veces, pero jamás lo llegue a interpretar en su evidente referencia a la autoflagelación. Y ahora vos me la decís de vuelta. ¿Cómo no me había rescatado antes? Castigar, reprimenda, escarmiento hacia la máquina, en referencia a esa parte material que nos conforma, la cual es objeto de un análisis en el que se juzga y en pos del criterio del juez, se la castiga. Escuchame y deja de mirarme así. En ese aspecto, el juez no es el sujeto que se autoflagela "castigando a la máquina", porque esta frase está emanada de la empatía al ver cansancio, ¿O me equivoco? La dijiste como incitando a tomarse un descanso, porque se sobreentiende que trabajamos por sueldos de mierda, porque cada cosa que pasa es un factor de inestabilidad en términos sociales y toda la persecuta junta, se sobreentiende, ahora es cuestión de fijarse de que la intención genuina de la frase no es notar el flagelo, sino de que desestime a ese juez.-

(...)

En ese momento como si fuera una convulsión, la ciudad la atraviesa con la fuerza de un tren, que desde el punto de vista del pasajero observa pasar todo con mucha velocidad, las casas, los edificios, todo se difumina axialmente en un desparramado y complejo estímulo que desencadena todo, el ruido, el calor y el olor de un bondi arrancando con violencia, estructuras que fisionan uranio, toneladas de cables y antenas, una cantidad enorme de gente caminando lento y de noche en la mitad de un descampado inmenso cargadas con palos y lonas, pasillos de azulejos blancos sucios y largos donde se pierde la vista con camillas y gente dolorida sin respuesta, "paradas seguras" descuartizadas por sus componentes electrónicos, patrulleros pisteando las avenidas, las colosales torres como panopticos opulentos donde se resguardan representantes de los poderes nacionales, caminos solitarios sin final que inerban superficies de territorio inmensas y disímiles que remarcan, al igual que aquel exabrupto de ella, la pertenencia violenta a esta nación y su reproducción, un flechazo en la conciencia, el susurro que resguarda la integridad del estado en su conformación mas coercitiva. En cambio, seguir ese camino de irreverencia, la fantasía de no formar parte y abandonarse...


-Terminamos en jueces, ah sí, en jueces. Siempre se termina en jueces, es así. Alguien, algo, o mejor dicho, todos nosotros al mismo tiempo conformamos ese juzgado de mierda, que ordena todo de una forma vergonzosa, asquerosamente normativa, en la que el orden social auspicia las injusticias... si, esos jueces. 
Somos así, una mierda. No me pidas que deje de castigar a la máquina, la vida no es para estar careta, la concha de tu madre. Tengo que reventarme ¡Y vos también tenes que reventarte! Y dejar de romperme los ovarios... no puede ser que nadie entienda donde estamos parados.-

Cuando terminó de hablar, me tendió una petaca de criadores.

"Madrugada" de Alejandra Pizarnik. Los trabajos y las noches (1965).

Desnudo soñando una noche solar.
He yacido días animales.
El viento y la lluvia me borraron
como a un fuego, como a un poema
escrito en un muro.

miércoles, 8 de junio de 2022

Sogueando

No termina siendo culpa de nadie pero terminamos generando todo nosotrxs.
Inevitablemente se cae en ese surco perfectamente calado por máquinas ancestrales hechas de discursos y superticiones. Las máquinas emulan tan bien las dimensiones holograficas de nuestro todo que ese surco parece ser como una suerte de corriente de agua que te empuja de forma uniforme hacia alguna cobacha perdida en la ciudad, tapizada con diarios y fotos de gente, cada tanto iluminadas por el destello de luz que proporciona un auto perdido a mitad de la noche que alumbra detras de la persiana.


es el tiempo atravesándonos mientras bailamos, mientras estamos sentados en un colectivo que esta clavado al tránsito ruidoso,
mientras apuñalamos la densa y triste masa de concreto en la que lloramos y reimos,
nervioses por la busqueda de ese lugar en el que vomitariamos toda la basura que nos dieron de comer.



tristes finales son el de las notas en los diarios
que dan pie a que todas esas fotos se puedan secar en la pacificadora anomia
como el otoño de un gran arbol
que deja caer en esa tenue corriente todas sus hojas
cada una con una cara y un puñado de letras
recordándole al futuro
por que tenemos que ir a trabajar.

martes, 31 de mayo de 2022

"Una red de mirada" de Roberto Juarroz, Poesía Vertical (1958)

 Una red de mirada
mantiene unido al mundo
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Persecuta

Se encuentra taciturno observando los cables negros de los postes de luz tajando el naranja reflejo de las luces sobre las paredes de ladrillo. Medita sobre lo que logró hacer con mucho remordimiento; dejó de pensar en las posibles consecuencias de sus cabos sueltos, emanados de la urgencia y el miedo. Las esquirlas de la adrenalina son de calma y respiración suave, invitando al porvenir manchado por la persecuta.
La gran congoja que a tientas supo preveer con mucho temor, ahora es mas fuerte. ¿Cuándo dejará de alejarse del camino?. Las recaídas se mantienen a raya con mayor dificultad estando guardado en su cama, esperando que las posibles indagaciones de los hechos terminen por dar el sendero que recorrió desde su alegato ajusticiador.

La luz del sol entra por la ventana de su cuarto, tan apasible como la parsimonia de su propia descepción.
El tiempo y el sol acarician un revolver que se tiro a una zanja cercana a la desembocadura de un río putrefacto, de la misma manera que la sombra de las rejas de su ventana a él.

No hay nada tan inerte como su ojos en aquel momento. Esferas de vidrio húmedo que albergan un centro oscuro, observándose en el reflejo de su teléfono apagado. Fijamente, sensan su propia profundidad. El teléfono cae junto con su brazo.

Observa el sol obstruido por unos barrotes, que vio con particular concentración, mientras hace su lento descenso vespertino.


miércoles, 18 de mayo de 2022

Viernes en Ramos

 

La caída del sol
despoja las calles
de guardapolvos y mochilas,
los jubilados
en su afán de vivir mas
cenan en la compañía de tragaluces,
esmerilados como un día nublado.

Los hombres inician puntuales
el ritual del coche y música
de ventanillas bajas.
Gaona es un desfile descarado
de apurados y acongojados.

Las luces bostezan
entre el resabio de la gente,
despertándose del tumulto
y su sol ardiente.

El temblor
de los adoquines
solo se oye en el ocaso.

Miradas de sospecha, de lujuria
de incidencia triste y repetitiva;
toda vida igual,
como el viento agita a los álamos de la plaza.

Las palomas arrasan las migajas
de lo que fue el último saludo,
el último almuerzo y merienda,
vigilados por el campanario profanado.

Poblando el vacío, se escucha
el ruido de los pasos a nivel del tren,
metronomía exacta de la agonía azul
de una tarde de viernes, en Ramos.

Lentamente la juventud pretenciosa
draga las veredas
buscándose a si misma,
entre el aire tibio y calmo,
de donde se despierta la noche.

Las entradas están enmarcadas de gente,
el viento es uno con la música.
El lecho de Gaona se llena de colillas de cigarrillos
y gente estática,
haciendo fila para disfrutar.

Las bebidas reflejan luces de colores,
dejando la silueta de los dedos abrazándolas.
Todo se mueve en frecuencias sensuales,
desafiantes.

Yo, como todos,
transito un viernes mas,
a oscuras,
aguardando cada momento
consumido por la luna
para que amanezca,
para que la luz blanca
termine con la virtualidad de los deseos.

 

 

A los amigos

 

a trazo de pucho y esquina
se devela el divorcio
el jugo dulce del sainete
escoria de los yuxtapuestos
el postre que nos enerva,
                        que nos condena.

remontados en la fantasía,
que nos contempla con ternura,
se alzan los pasos calmos
la templanza de juguete
y las estimas
somos polvo suspendido
sobre una calle de tierra

memorias del subsuelo
homenajeadas por la paridad
tiene eso que no llena
que me torna real,
por vos, amigo,
la tristeza me ha de empoderar

¡ah, que abrazo cínico!;
esconderse en la noche
                    planeando apuñalar el día

 

 


 

Hora pico

Qué contemplable es ver cómo nos largan. Hora pico, estridencia del dominio. Techos aplastan masas como tren a las vías, voluntades indúctiles y acaparadas descansan en el algodón del arribo.

Somos basura en la madrugada, presa del viento y del llanto de los arrabales. Caos, belleza cosmopolita y puteadas. Ruidos de pasos suenan sinfónicamente hasta el final, la obertura de la muerte del recambio.
Y nos golpean, nos destruyen súbitamente hasta la falta de aliento, hasta ahogar el quebranto en manos volando y colores sospechosos.
Pero que poesía es fundirse en esta fragua, llama que se alimenta de sudor y desconfianza. Misterio que arropa la calle con fantasmas usando celulares.
Contemplándonos perdí la practicidad. Me comprendí tristemente incorpóreo para el litigio: todo era una farsa, un rompecabezas mal armado y maquillado con plata, la pesadilla de un corderito durmiendo bajo el ruido de cocinas genocidas que abastecen de placebo a todas las ánimas.
 Triste y efímero es mirar cómo nos deshacemos; cómo cruzamos el espejo que nos conmuta en simple transcurrir. El devenir que nos desparrama es la caricia del asinamiento, es el mismo tren que nos reparte y nos condena.
De la cumbia emergen por las quimeras las jornadas negreras y la puja jurídica perezosa. La diosa del baile , que no hace mas que prometer y engatusar a todos los perdidos que lloran sus monedas, aguarda agazapada en las noches del encuentro.

Lentamente la tarde cae, en el vaciamiento de los bondis, en las puertas cerrándose, en las televisiones prendiéndose. Los vasallos no hacen mas que aullar en los bancos y convulsionar el silencio conurbano en bocinas y ruidos de motos alejándose, atravesando la penumbra dejando unos gritos consensuados plasmados en el vacío.
Nada cambia en la poesía del arrabal, sincera como la vagancia, que fluye lenta y vertical hasta la cresta, consolidando su inundación en los mismos diarios que pisamos en la vorágine de la hora pico del día siguiente.

 

 


 

Un segundo

Puede ser que hacía mucho calor, pero la oscuridad que dan los árboles al tapar las luces de la calle y el viento, daban una senación fresca...