lunes, 1 de junio de 2020

Secuencia.

Olor a quemado en la vereda; puede que yo sea el portador, depende quién pregunte. Punto visual, difuminado por la distancia, donde los cordones de las calles hechas mierda tienden a cruzarse, pero por cuestiones de infraestructura, termina siendo el nacimiento de una nueva chance. La vivo todos los días, porque esa chance es mía. Si sos de afuera vas a ver gilada, aunque te meen la cara con un cartel en la jeta : "dejame que te explique", no lo vas a entender.
Pienso en explicarle, con bronca igual, pero exigirle que entienda cómo es mi punto de vista, porque...
No sé, tiene que entender. Igual es un hijo de puta.
Recorrelo, te vas a dar cuenta que existe algo que subyace a las particularidades del contorno; las preguntas no inciden por ningún lado, el idioma es claro y te obliga a la pluralidad. Los eventos, las casualidades, las tragedias, todo tiene el mismo contexto sublime, que es acariciado por el sol todos los mediodías mientras las hamacas se mueven y la gente arrastra esa bolsa pesada que levanta el polvo de todos lados, haga frío o calor.

Entonces me lo crucé cerca de acá, y medio arrebatado, después de la sarta de pelotudeces que  chamuya, le dije:
- De donde vos venís, esa palmera que está ahí, la que estás mirando, es otra cosa.-
Intimidado se queda en el molde. Miré sus ojos; se nota que somos diferentes. Entonces sigo:
- Me despierto suspirando y llorando. Bajo un cambio y lo primero que miro es eso. Un alivio a la luz del sol y una canción que me calma cuando el viento mueve sus hojas. Vos que vas a entender, si vivís mirándote el ombligo, gato reventado.-
Me miró muy secuenciado y se fue, caminando rápido.


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Un segundo

Puede ser que hacía mucho calor, pero la oscuridad que dan los árboles al tapar las luces de la calle y el viento, daban una senación fresca...