martes, 31 de mayo de 2022

"Una red de mirada" de Roberto Juarroz, Poesía Vertical (1958)

 Una red de mirada
mantiene unido al mundo
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Persecuta

Se encuentra taciturno observando los cables negros de los postes de luz tajando el naranja reflejo de las luces sobre las paredes de ladrillo. Medita sobre lo que logró hacer con mucho remordimiento; dejó de pensar en las posibles consecuencias de sus cabos sueltos, emanados de la urgencia y el miedo. Las esquirlas de la adrenalina son de calma y respiración suave, invitando al porvenir manchado por la persecuta.
La gran congoja que a tientas supo preveer con mucho temor, ahora es mas fuerte. ¿Cuándo dejará de alejarse del camino?. Las recaídas se mantienen a raya con mayor dificultad estando guardado en su cama, esperando que las posibles indagaciones de los hechos terminen por dar el sendero que recorrió desde su alegato ajusticiador.

La luz del sol entra por la ventana de su cuarto, tan apasible como la parsimonia de su propia descepción.
El tiempo y el sol acarician un revolver que se tiro a una zanja cercana a la desembocadura de un río putrefacto, de la misma manera que la sombra de las rejas de su ventana a él.

No hay nada tan inerte como su ojos en aquel momento. Esferas de vidrio húmedo que albergan un centro oscuro, observándose en el reflejo de su teléfono apagado. Fijamente, sensan su propia profundidad. El teléfono cae junto con su brazo.

Observa el sol obstruido por unos barrotes, que vio con particular concentración, mientras hace su lento descenso vespertino.


miércoles, 18 de mayo de 2022

Viernes en Ramos

 

La caída del sol
despoja las calles
de guardapolvos y mochilas,
los jubilados
en su afán de vivir mas
cenan en la compañía de tragaluces,
esmerilados como un día nublado.

Los hombres inician puntuales
el ritual del coche y música
de ventanillas bajas.
Gaona es un desfile descarado
de apurados y acongojados.

Las luces bostezan
entre el resabio de la gente,
despertándose del tumulto
y su sol ardiente.

El temblor
de los adoquines
solo se oye en el ocaso.

Miradas de sospecha, de lujuria
de incidencia triste y repetitiva;
toda vida igual,
como el viento agita a los álamos de la plaza.

Las palomas arrasan las migajas
de lo que fue el último saludo,
el último almuerzo y merienda,
vigilados por el campanario profanado.

Poblando el vacío, se escucha
el ruido de los pasos a nivel del tren,
metronomía exacta de la agonía azul
de una tarde de viernes, en Ramos.

Lentamente la juventud pretenciosa
draga las veredas
buscándose a si misma,
entre el aire tibio y calmo,
de donde se despierta la noche.

Las entradas están enmarcadas de gente,
el viento es uno con la música.
El lecho de Gaona se llena de colillas de cigarrillos
y gente estática,
haciendo fila para disfrutar.

Las bebidas reflejan luces de colores,
dejando la silueta de los dedos abrazándolas.
Todo se mueve en frecuencias sensuales,
desafiantes.

Yo, como todos,
transito un viernes mas,
a oscuras,
aguardando cada momento
consumido por la luna
para que amanezca,
para que la luz blanca
termine con la virtualidad de los deseos.

 

 

A los amigos

 

a trazo de pucho y esquina
se devela el divorcio
el jugo dulce del sainete
escoria de los yuxtapuestos
el postre que nos enerva,
                        que nos condena.

remontados en la fantasía,
que nos contempla con ternura,
se alzan los pasos calmos
la templanza de juguete
y las estimas
somos polvo suspendido
sobre una calle de tierra

memorias del subsuelo
homenajeadas por la paridad
tiene eso que no llena
que me torna real,
por vos, amigo,
la tristeza me ha de empoderar

¡ah, que abrazo cínico!;
esconderse en la noche
                    planeando apuñalar el día

 

 


 

Hora pico

Qué contemplable es ver cómo nos largan. Hora pico, estridencia del dominio. Techos aplastan masas como tren a las vías, voluntades indúctiles y acaparadas descansan en el algodón del arribo.

Somos basura en la madrugada, presa del viento y del llanto de los arrabales. Caos, belleza cosmopolita y puteadas. Ruidos de pasos suenan sinfónicamente hasta el final, la obertura de la muerte del recambio.
Y nos golpean, nos destruyen súbitamente hasta la falta de aliento, hasta ahogar el quebranto en manos volando y colores sospechosos.
Pero que poesía es fundirse en esta fragua, llama que se alimenta de sudor y desconfianza. Misterio que arropa la calle con fantasmas usando celulares.
Contemplándonos perdí la practicidad. Me comprendí tristemente incorpóreo para el litigio: todo era una farsa, un rompecabezas mal armado y maquillado con plata, la pesadilla de un corderito durmiendo bajo el ruido de cocinas genocidas que abastecen de placebo a todas las ánimas.
 Triste y efímero es mirar cómo nos deshacemos; cómo cruzamos el espejo que nos conmuta en simple transcurrir. El devenir que nos desparrama es la caricia del asinamiento, es el mismo tren que nos reparte y nos condena.
De la cumbia emergen por las quimeras las jornadas negreras y la puja jurídica perezosa. La diosa del baile , que no hace mas que prometer y engatusar a todos los perdidos que lloran sus monedas, aguarda agazapada en las noches del encuentro.

Lentamente la tarde cae, en el vaciamiento de los bondis, en las puertas cerrándose, en las televisiones prendiéndose. Los vasallos no hacen mas que aullar en los bancos y convulsionar el silencio conurbano en bocinas y ruidos de motos alejándose, atravesando la penumbra dejando unos gritos consensuados plasmados en el vacío.
Nada cambia en la poesía del arrabal, sincera como la vagancia, que fluye lenta y vertical hasta la cresta, consolidando su inundación en los mismos diarios que pisamos en la vorágine de la hora pico del día siguiente.

 

 


 

Un segundo

Puede ser que hacía mucho calor, pero la oscuridad que dan los árboles al tapar las luces de la calle y el viento, daban una senación fresca...