domingo, 9 de octubre de 2022

Castigar a la máquina.

Después de que ella golpeara la mano contra la mesa, en ese mismo instante, dijo:

-"Castigar a la máquina", eso me dijeron el otro día. "Tenés que flojar un cacho y dejar de castigar a la máquina". Es una frase que había escuchado muchas veces, pero jamás lo llegue a interpretar en su evidente referencia a la autoflagelación. Y ahora vos me la decís de vuelta. ¿Cómo no me había rescatado antes? Castigar, reprimenda, escarmiento hacia la máquina, en referencia a esa parte material que nos conforma, la cual es objeto de un análisis en el que se juzga y en pos del criterio del juez, se la castiga. Escuchame y deja de mirarme así. En ese aspecto, el juez no es el sujeto que se autoflagela "castigando a la máquina", porque esta frase está emanada de la empatía al ver cansancio, ¿O me equivoco? La dijiste como incitando a tomarse un descanso, porque se sobreentiende que trabajamos por sueldos de mierda, porque cada cosa que pasa es un factor de inestabilidad en términos sociales y toda la persecuta junta, se sobreentiende, ahora es cuestión de fijarse de que la intención genuina de la frase no es notar el flagelo, sino de que desestime a ese juez.-

(...)

En ese momento como si fuera una convulsión, la ciudad la atraviesa con la fuerza de un tren, que desde el punto de vista del pasajero observa pasar todo con mucha velocidad, las casas, los edificios, todo se difumina axialmente en un desparramado y complejo estímulo que desencadena todo, el ruido, el calor y el olor de un bondi arrancando con violencia, estructuras que fisionan uranio, toneladas de cables y antenas, una cantidad enorme de gente caminando lento y de noche en la mitad de un descampado inmenso cargadas con palos y lonas, pasillos de azulejos blancos sucios y largos donde se pierde la vista con camillas y gente dolorida sin respuesta, "paradas seguras" descuartizadas por sus componentes electrónicos, patrulleros pisteando las avenidas, las colosales torres como panopticos opulentos donde se resguardan representantes de los poderes nacionales, caminos solitarios sin final que inerban superficies de territorio inmensas y disímiles que remarcan, al igual que aquel exabrupto de ella, la pertenencia violenta a esta nación y su reproducción, un flechazo en la conciencia, el susurro que resguarda la integridad del estado en su conformación mas coercitiva. En cambio, seguir ese camino de irreverencia, la fantasía de no formar parte y abandonarse...


-Terminamos en jueces, ah sí, en jueces. Siempre se termina en jueces, es así. Alguien, algo, o mejor dicho, todos nosotros al mismo tiempo conformamos ese juzgado de mierda, que ordena todo de una forma vergonzosa, asquerosamente normativa, en la que el orden social auspicia las injusticias... si, esos jueces. 
Somos así, una mierda. No me pidas que deje de castigar a la máquina, la vida no es para estar careta, la concha de tu madre. Tengo que reventarme ¡Y vos también tenes que reventarte! Y dejar de romperme los ovarios... no puede ser que nadie entienda donde estamos parados.-

Cuando terminó de hablar, me tendió una petaca de criadores.

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